martes 16 de diciembre de 2008

El fin de todo

Acabó el ciclo. Por fin un breve respiro ante tanta metralla académica. Estas últimas semanas de clases y la de finales me parecieron interminables y el cansancio acumulado también. Pero ya, ya está. Un ciclo más que pasó y, aunque falta que me pongan dos notas finales, creo que pasaré todo con notas decentes.

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No sé ustedes, pero siento que cada vez que finaliza un semestre académico, me embarga una anómala sensación, un tanto feeling que me impulsa a extrañar el estrés del día a día universitario. ¿Paradójico no? Totalmente. Más aún teniendo en cuenta que hace apenas dos semanitas atrás estaba deseando que todo acabe y no tener que regresar a la universidad hasta marzo del año que viene. Pues me explico. Cuando estoy en plenas vacaciones disfruto los primeros días. Claro, porque son esos días en los que uno descansa todo lo que no ha descansado a lo largo de esas dieciséis infernales semanas y aprovecha para levantarse a la hora que le da la gana, huevear en casa, joder a tus hermanos(as), jugar con tu mascota, chatear como michi, enviciarte a punta de Play Station, salir con tus patas cualquier día, etc y etc; es decir, es un relax íntegro.

Sin embargo, a medida que pasan los días de vacaciones llega un momento tope (llamémosle así) en el cual uno empieza a sentir que ya se hartó de parar hueveando y, a la vez, de no hacer nada. Como si las vacaciones -tan esperadas a priori- se hubiesen vuelto rutinarias. Es en ese momento en el que el subconsciente comienza a lanzar mensajitos como: “extraño la universidad carajo”, “me estoy hongueando en mi jato, quiero hacer algo” o “ya quiero estar en clases para no estar en mi jato” y algunos medio jalados de los pelos como “extraño el estrés de los trabajos, de los exámenes, de tener que sacar copias para leer”. Tengo amigos que, por haberse ausentado un ciclo de la universidad, han llegado a los extremos de vociferar –en su desesperación de estar metidos todo el día en sus casas- alguna de estas frases.

Resulta medio contradictorio, pero sucede. Para mí ahora es un poco distinto porque chambeo en una emisora de lunes a viernes en las mañanitas y en las tardes, y eso me saca de mi casa, pero no es algo que me consuma de la misma forma estratosférica como lo hace la universidad.

Creo que todos solemos extrañar algo cuando sabemos que ya acabó. Como los mundiales de fútbol, los echo de menos cada vez que finalizan, jeje…y eso que son cada cuatro años.

3 comentarios:

Vane Vane Cuac dijo...

Oe, maldito hijo de.....amix! a mi también me pasa lo mismo. Y si tú te aburres en unas semanas, imagíname a mí que he esatdo un ciclo entero sin ustedes. Pero ahí le voy. En verano estaré aunque me muera de calor y tenga que ir calata a estudiar y el próximo ciclo estaremos todos juntos...como siempre...sentandonos en los cubos como lagartijas en busca de sol!

Vane Vane Cuac dijo...

Y, mongolo, sí te leo...solo que tus post no merecen mis comentarios...son demasiado para mí xD....necesito verlos y reirme mucho!

Eduardo . Pedro dijo...

ajajaja oe a mi tambien me pasa lo mismo weon...diste en el blanco! es el cogido de todo alumno, sentir la dulce dependencia de la desesperacion univeritaria....me paso lo mismo en el colegio en el nido y en el amor!! jajaja

buen post!